jueves, 14 de noviembre de 2013

TANATOCUENTO





Puedo oír las campanas tocar, mi abuela me enseñó a entenderlas y me explico como suenan cuando doblan a muerto, aquí en el pueblo es una tradición.
Tres toques para la muerte de un hombre
Dos toques para la muerte de una mujer.
Una mujer ha muerto.
Me levanto apenado, todas estas cosas siempre me han hecho sentirme triste y oscuro, sin embargo cuando salgo del cuarto me siento aun peor.
El ataúd entra por la puerta de casa, el cura y varios familiares míos lo llevan al salón.
Me escondo detrás de la puerta para que no me vean, se que no les gusta que yo vea este tipo de cosas aunque, me gusta por que siempre he sido muy curioso.
Mi abuela permanece de pie mirando el ataúd, esta vestida de negro y no deja de llorar, esta compungida y supongo que estará pensando en lo que se la viene encima.
Velar al muerto llevará todo el día que queda y toda la noche, es un tramite bastante duro, lo se, lo he visto, la gente permanece sentada y esperan las 24 horas de rigor para estar seguros de que el muerto no se levanta.
Muchas veces he oído que algunas familias pagan a gente para que vayan a las casas a llorar cuando ocurren cosas de estas.
Vaya, mi madre viene hacia mi.
-         Raúl, métete en la habitación, te traeré el desayuno- mi madre me habla pero es como si no pusiera importancia en las palabras.
A mi madre se le nota en la cara que esta rota de dolor, jamás la había visto tan triste, no me gusta verla así, ojalá pudiera hacer algo, siento rabia.
Llaman incesablemente a la puerta de casa, veo que cada vez viene mas gente a velar el cadáver de quien sea que este en el ataúd.
Lo que esta claro es que es de la familia, de lo contrario no estaría aquí en casa de mi abuela.
Abro la puerta sigiloso, después de tomarme el desayuno me aburro en la habitación, se que mi madre me ha prohibido salir, pero quiero vivir estos momentos cerca de mi familia, creo que ya soy lo suficientemente mayor para poder ver estas cosas.
Me asomo poco a poco.
-         Colócale bien el rosario entre las manos que se vea bien la cruz, tened cuidado- mi abuela esta dando instrucciones para ponerle al cadáver el rosario que ponen siempre entre las manos.
Mi abuelo permanece sentado al lado del ataúd, y esta charlando desconsolado con una tía mía y mi prima, ambas están vestidas de negro, mi padre simplemente permanece sentado al lado de mi abuelo, todavía no le he oído decir ni una palabra.
Tengo mucha curiosidad por ver quien es el difunto, quizás me horrorice o tal vez ni si quiera le de importancia, en los pueblos siempre esta muriendo gente mayor así que tampoco creo que me duela verlo.
Mi abuela se acerca a mi y me coge de la mano, a lo lejos mi madre la grita.
-         Madre, no creo que sea buena idea, todavía es un niño.- mi madre esta muy triste, se lo noto en la cara y yo ya me estoy empezando a impacientar.
-         A su edad yo ví a mi Padre, es un paso que hay que dar en la vida, y ya es un hombre.- Por fin mi abuela me entiende.
El enterrador acaba de entrar por la puerta, viene a dejar zanjado lo que le corresponde por el entierro de mañana, siempre se le da dos libras de pan y una cuartilla de vino, así ha funcionado siempre, aunque yo no entiendo muy bien las medidas, me bastaría con un cacho de pan y un vaso de vino.
Cuando mi abuela termina de hablar con el, yo la estoy esperando impaciente en la puerta de la alcoba.
Mi abuela me dice que no me asuste, que la muerte no es el final, que Dios se lleva a la gente por que necesita Ángeles, a mi me parece una tontería, creo que la gente se muere por que tiene que morirse.
Una vez mi hermana me obligó a enterrar a un pajarillo al que dispare con la chimbera, no quería matarlo solo asustarlo, pero estaba de morirse y le mate.
Me voy acercando al ataúd agarrado de la mano de mi abuela, mi abuelo y mi padre me sonríen y me dicen que sea valiente, no entiendo nada, ellos ya saben que lo soy.
Al lado del ataúd veo a mi hermana llorando, vaya ha venido antes de tiempo, se quedo son su novio Juan pasando unos días en casa antes de venir al pueblo, tenían pensado venir en el coche nuevo de Juan y enseñárselo a mi Padre, que le encantan los coches.
Cuando me mira su cara es un reflejo de dolor infinito y pena, me sonríe y me dice que me quiere, que sea fuerte y que ella esta ahí conmigo y entonces se marcha.
Por fin llego al ataúd, tiene una cruz en medio y una ventana por la que puedo ver quien esta dentro.
Empiezo a llorar desconsoladamente, es mi hermana la que esta dentro del ataúd.
Ella y Juan tuvieron un accidente llegando al pueblo, al parecer no controlo el coche y mi hermana salio despedida por el parabrisas.
Pero ahora se que ella estará conmigo siempre, la he visto y sigo notándola cerca, pero ha resultado que no soy tan fuerte, solo soy un niño que ha perdido a su hermana, y velaré por ella toda la noche, mientras las campanas doblan de nuevo mañana.


ESCRITO POR : LORENA GIL REY

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