domingo, 9 de febrero de 2014

EL VERDADERO JACK


8 de Septiembre de 1888
Llueve, llueve sin descanso, y las calles están completamente anegadas de agua, los carruajes llevan velocidades endiabladas para llevar a sus casas a cada uno de sus señores.
Mientras algunos mozos se empapaban durante todo el recorrido dirigiendo los caballos, otros tenían pequeños toldos, dependiendo del nivel de vida y de Status social de su Lord.
Annie Chapman no quería salir esa noche a trabajar, estaba constipada y no tenía ganas de ofrecer su cuerpo esa noche a nadie, además estaba siendo una noche bastante fría y sabia que si no empeoraba su salud, seguramente volvería al burdel con poca recaudación ya que, en las noches así, no había mucho que sacar.
Uno de los coches de caballos salpico completamente a Annie, enfadada y despotricando sobre cómo se debe ir por la calle y agitándose la falda empapada en agua, alguien la tapo la boca y se la llevo a lo más profundo de una de las calles, a la esquina más oscura y más fría, dejando un reguero de agua que escurría desde la enagua y vestido.
Primeramente y para cerciorarse la había hecho dos cortes en la garganta, que sonaron con un ruido afinado, como cuando te cortan un filete de cerdo con un cuchillo muy bien afilado, esta vez la sangre broto suavemente de un rojo brillante que podía intuirse aún en la oscuridad.
Al levantarse para dejar allí a la pobre desgraciada se percato de algo que sabía que la hacía impura, y de lo que no se había percatado hasta ahora. Su útero.
Así que suavemente se volvió a arrodillar y junto con los últimos relámpagos de la tormenta poco a poco fue separando la parte más femenina de la mujer del cuerpo de esta, con suavidad y en silencio.
Lo guardó meticulosamente en su maletín, que quedo marcado por la sangre perfilándose los dedos completamente.
Scotland Yard se estaba viendo desbordado por los ataques tan brutales que cada vez iban siendo más demenciales.
No había pasado ni un mes, cuando indescriptiblemente les toco el turno a las dos siguientes.
30 Septiembre de 1888
La primera víctima de la noche, Elizabeth Stride,  se iba recogiendo por la calle mientras ya se retiraba a su casa, había sido una noche muy tranquila y se notaba que en Londres se iba acercando el mes de Noviembre, un mes frío y vacío de hombres, que pasan esas fechas bajo el calor de su casa.
Ataviado con su maletín, se acercó a Elizabeth por detrás con sigilo, aguantando la respiración del éxtasis del momento y con un corte que la seccionó la arteria de el lado izquierdo del cuello, la quitó la vida.
Pero ante su asombro alguien que no debía estar allí, le impidió seguir con su trabajo.
Sabiendo que esa noche debían morir dos prostitutas, dejo a esta primera tirada en una esquina, forzándose a olvidarse del placer no obtenido.
Catherine Eddowes, fue sorprendida debajo de una farola, empotrada contra la pared y golpeada en la cara varias veces hasta aturdirla, y finamente y de manera rápida su cuello quedo rajado profundamente y casi de lado a lado.
Y allí, mientras el asesino la golpeaba una y otra vez la cara sobre el asfalto, en Londres seguía lloviendo y lloviendo, y entre relámpago y relámpago, se podía ver el brillo de la hoja del cuchillo que en esos momentos desgarraba completamente el abdomen de la mujer mientras la sangre se mezclaba con el agua y el vaho que salía de su interior se unía al vaho de la respiración del asesino, que no cesaba en su ensañamiento.
Del interior de su cuerpo extrajo el riñón izquierdo, que se hacía mas pequeño de lo que llego a imaginar nunca, lo tocó, lo observó, lo olió y hasta lo chupó, quería saber que se sentía al tener un órgano caliente en su boca, mientras la sangre manchaba su cara.
El útero se mostraba ante sus ojos, pero no lo quería entero, por lo que con la mitad fue más que suficiente, no tenía tiempo para mucho más.
Esta vez se quedo un rato al lado de la víctima, riendo, cogiéndose la cabeza con las manos, esparciéndose lentamente los restos.
Se levantó, y cogiendo sus enseres lentamente, le era casi imposible quitar la vista de su victima, tirada en el suelo abierta completamente desde la garganta hasta mas abajo del ombligo, y rodeada por su líquido interno.
La linterna iluminaba el cuerpo de esta última víctima y el silbato del policía retumbo en las calles, una nueva mujer, otra prostituta yacía muerta.
9 de Noviembre de 1888
Esta vez sería más difícil que las anteriores, sabía que tenía que hacerlo despacio, con sigilo y sin levantar sospecha.
Mary Jane Kelly, dormía plácidamente en su cama.
La joven prostituta estaba teniendo un difícil Noviembre, los hombres no salían mucho de sus casas y el frío de las calles hacía complicado pasearse por ellas.
El burdel donde trabajaba la pedía más dinero que al resto de las chicas ya que al ser una de las más bellas solía tener más demanda, y a más demanda, más debía pagar.
En su piso no podía recibir a los clientes, la casera vivía justo debajo y era una vieja cotilla de mil demonios.
Pero lo que no se pudo esperar es que la tocasen la puerta de madrugada, y ante el susto no dudo en abrir la puerta, en camisón como se encontraba intento taparse con una pequeña bata, pero la insistencia de los golpes la zafaron de esa idea,
En el momento en el que abrió la puerta, se dio cuenta de que no debió hacerlo, recordando todas y cada una de las compañeras que habían muerto, eran más que avisos suficientes para tener cuidado con lo que se hacía en la calle o en casa.
El empujón, la hizo caer al suelo y golpear contra una pequeña mesita que tenía en la entrada donde solía dejar la correspondencia y las llaves, una brecha empezó a sangrar por su cabeza.
La punta de la mesita ayudo a su asesino a desfigurarla la cara completamente, golpe tras golpe tras golpe hasta no dejar nada más que jirones de piel y hueso.
La llevo a la cama y allí con todo su arsenal preparado encima de la cómoda de la joven empezó a realizar su trabajo.
La mutiló completamente, desgarró su cuello hasta la columna vertebral, no quería que el momento acabase nunca y lo estiró lo máximo posible para escuchar ese sonido agudo que tanto le llenaba los oídos y el fondo del cerebro; con una raja de bastante hendidura como para hacerla sangrar de manera lenta pero abundante.
Con la suficiente maña de la que era más que conocido cogió su escalpelo favorito y empezó a abrir el abdomen suavemente, sin perder el ritmo, disfrutando el momento, observando poco a poco como iba abriendo el interior de la prostituta, hasta llegar mas allá del pubis.
……
La miro, observo su juventud, abro lentamente su pecho y su abdomen, palpo con alegría sus costillas, sus tripas, sus pulmones, todos y cada uno de sus órganos.
Quiero que este momento sea único, estos son mis últimos días en Londres, quiero dejar plasmado el trabajo que aquí he hecho.
Estas mal nacidas jamás deberían pisar las calles, roban a los hombres de sus mujeres, regalan su virginidad a señores casados, con hijos, con familia, trabajadores, traen el mal a este mundo.
Disfrutan teniendo entre las piernas los miembros erectos de lo que nunca tendrán en casa por sus perversiones.
Huele a hierro, a frío, a sangre, a semen, el semen que queda dentro de ellas, que tengo que extraer, y la única manera es llevarme su Útero, me di cuenta después de observar a una de ellas abierta de piernas y ofreciéndome esa puerta ante mis ojos.
Se me atribuyen cosas que yo no hice, ni Emma ni Martha las hice nada.
Pero desde una esquina de la calle observé estos dos crímenes, ideas, ideas y más ideas se me vinieron a la mente.
Jamás pensé en hacer esto, pero desde que mi marido, prefiere pasar las noches con estas rameras, he tenido que hacer lo que nadie hace.
He matado a todas y cada una de las mujeres con las que se ha acostado desde que llegamos a Londres de Irlanda y montamos la carnicería.
Y el trío que hizo con esas dos putas de hace 10 días, me obligó a trabajar el doble aquella noche.
Pero esta, esta merece ser desgarrada completamente, es joven, bella y mi marido la ha dejado embarazada.
Con delicadeza separo todos sus órganos calientes de su interior, observo el útero, no veo nada que me pueda dar indicios que ahí hay algo de mi marido escondido, así que me ensaño y lo apuñalo.
Estoy enajenada, pero estoy gozando, grititos de risa y de placer salen de mi interior.
Los fanáticos han hecho de mi una leyenda que perdurará en el tiempo, siempre se han fijado en hombres, y siempre seguirán pensando eso, por que nadie piensa ni es capaz de comprender el dolor y la locura que podemos sentir las mujeres al ser deshonradas por estas mujeres de mala vida.
En los próximos días nos vamos a América, quizás y solo quizás prosiga allí, no puedo impedir a mi marido que disfrute de los placeres carnales pero si puedo seguir vengándome y disfrutando de darlas una lección por lo que me pertenece ante los ojos de Dios.
Me siento llena de amor, siento que estas mujeres me lo agradecen, si, lo siento muy adentro, pero no me lo pienso y me centro en su sexo, quiero desgarrarlo y así lo hago, saco todo, lo aplasto, lo observo, meto mis manos y placenteramente remuevo grasa, sangre, vísceras.
Este maletín que le robé a un doctor es una de las mejores cosas que me ha pasado desde que estoy aquí, disfruto con los utensilios cortantes que en el se hayan.
Estoy envuelta en sangre, las paredes están salpicadas con todo, cachos de grasa han quedado pegados en el papel de la pared y caen lentamente hasta el suelo, la cama esta repleta de todos los jugos internos de esta pobre desdichada, pero me da igual, voy a terminar sacando el corazón, me lo llevare conmigo, lo conservaré, es mi pequeño premio, tan rojo, tan fuerte, tan caliente.
Me coloco el sombrero, me he limpiado lo mejor que he podido,  me visto como un hombre, siempre he sido una mujer más alta y grande de lo normal, tapo mi cara con el cuello de mi abrigo.
Bajo las escaleras dejando atrás mi mejor trabajo, camino por la calle oscura, en la que mis pasos, sonando repetitivamente por la acera y rebotando en los callejones me acompañan, la punta de mi nariz se esta quedando fría y el vapor que sale por ella es cada vez más espeso y más blanco, noto el frío entrando por mis mangas, manchadas de sangre ya seca, parece que esta noche va a ser fría, se acerca el invierno, y yo estaré preparada para proseguir.


ESCRITO POR LORENA GIL REY

3 comentarios:

  1. Buen relato!!! Está muy bien estructurado y das un giro muy impresionante al final. Jack se desvela de una forma asombrosa, ¡felicidades por la vuelta de tuerca!
    Los únicos fallitos que he visto -aunque son pecata minuta- es que has cambiado el tiempo verbal del 31 de agosto al 8 de septiembre. Los meses del año no se ponen con mayúsculas cuando es una narración. Falta alguna que otra tilde, pero también son pocas las que he visto.
    Por lo demás, muy bien, me ha encantado, ¡enhorabuena!

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    1. Muchas gracias!!, con las tildes no tengo remedio, el teclado me va mal y las pone cuando quiere por mucho que apriete... tendré que subsanarlo de la mano de alguien. Gracias por recordarme lo del tiempo verbal, no me dí ni cuenta!!
      De nuevo gracias, me alegro que te haya gustado!

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    2. Es cierto que lo de las tildes es una mierda, siendo finas. Hay que tener un cuidado enorme para que no te cuele ningún error.
      Este tema de Jack el Destripador personalmente me fascina, y el hecho de que lo hayas escogido para un relato, además un relato tal y como lo has perfilado, me pone los pelos de punta. Gracias a ti por el buen rato de lectura :)

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