martes, 17 de junio de 2014

EL HEDOR



EL HEDOR

DÍA 1
Desde que llegué a este piso nuevo noto un olor nauseabundo que sale por la puerta de mi vecino de al lado.
No suelo ser un hombre que se fije en ese tipo de detalles pero el olor es cada vez mas intenso cada día que pasa.
El aroma se filtra por la ventana de mi cuarto como si fuese una brisa de verano y es aún peor si el viento sopla con mayor intensidad, pues este aparte de hacer que tremenda fetidez entre sin barreras  penetra por toda la estancia.

DÍA 3
Hace ya dos noches que no consigo dormir, me levanto empapado en sudor, con el cuerpo entrado en tiritonas pulsantes que me nublan todos mis sentidos, busco la manta para taparme pero es ilógico pues mi calor corporal no asimila tal gesto.
He oído un ruido en la pared, esta conecta directamente con la habitación de mi vecino, es como un cuchicheo simplón, como cuando intentas hacer alguna cosa por ti mismo y esta no te sale.
Después otro golpetazo aún más grave y seco me ha hecho brincar en la cama, ha sido tan fuerte que el cabecero en el que tenía apoyada mi espalda ha salido de su  fijación.
Saco mis pies de la cama, cuando estos se encuentran con el suelo mis dedos se estiran aprovechando todo el frescor del piso, sin ponerme las zapatillas me dirijo a la cocina.
El olor sigue quemándome las fosas nasales y me produce un dolor de cabeza del que empiezo a preocuparme.

DÍA 5
Estoy sintiéndome atormentado por los sucesos que cada día son más perturbadores por parte de mi vecino, la peste ahora dulzona me repugna de tal manera que me es imposible conciliar el sueño sin que mi psique persiga ese perfume aún dormitando.
Los ruidos y movimientos de mesas y sillas rayan mi conocimiento de lo que puede estar catalogado como “actitudes de buena vecindad”.
He intentado poner el oído y todos mis sentidos en averiguar que pasa al otro lado de los cimientos que separan mi casa de la de mi ruidoso compañero de bloque, pero el silencio tan sumamente impenetrable no mostraba acciones más allá del gotelé de mi pared.
He comprado un pequeño cuaderno en el que quiero apuntar como me siento con todo eso, no se si me estoy volviendo loco o el olor simplemente ha conseguido turbar por completo mi raciocinio, no quiero llamar a la policía, necesito saber qué y por qué se desprende tan nauseabunda sensación por toda mi casa.
Estoy sentado en el sillón orejero que compré hace ya algunos meses, en principio para disfrutar de mis colección de películas de Blue-Ray, con mis palomitas, patatas y cervezas.
El lápiz empieza a dar vueltas en mi mano derecha, he empezado a hacer borrones en el cuaderno, espero movimiento al otro lado, necesito averiguar que está pasando.

DÍA 6
He llamado al trabajo, no me han contestado, pero he dejado después del aviso del contestador el mensaje de que me encuentro mal y no podré acudir, para las horas en las que he telefoneado esperaba que Emma estuviera al otro lado de la línea pero teniendo en cuenta lo flojo que esta el gabinete quizás salió tomar un café.
La luz del medio día hace que el humo que sale de mi cigarro contraste con los rayos del sol generando formas insinuosas que mi mente da forma, me imagino como será mi vecino o que puede estar haciendo para que tales sucesos estén creando en mi una obsesión de la que soy consciente pero de la cual no quiero desprenderme.
Todavía no he usado el cuaderno, pero he escrito un plan para darle forma a cómo y qué hacer para preguntarle a mi compañero de pasillo y salir de dudas a la hora de lanzarle las cuestiones que me atenazan.
Un sonido penetrante ha empezado a retumbar por toda mi cabeza, suena como un violín mal afinado, un sonsonete como jamás había experimentado está empezando a desquiciarme de una manera brutal y corro ventana por ventana cerrándolas y bajando las persianas para que nada penetre por ellas.
Haciendo acopio de varias toallas, las he mojado para que se adhieran bien a la rendija del suelo  de la puerta de la entrada y  con cinta aislante he logrado crear un buen aislamiento aunque el runrún sigue retumbando, más fuerte pero con pausas que me hacen relajarme a corto tiempo pero lo suficiente para poder regresar a una cordura momentánea.
Los secreción de mis poros han vuelto y en calzoncillos en mitad de la cocina me encuentro esbozando nuevamente en el cuaderno, sin sentido, notando el frío del suelo por mis nalgas y mis pies desnudos, se me está acabando el bolígrafo, es hora de coger otro, pero no me apetece.
Me tumbo en el suelo y duermo.

DÍA 7
Al despertarme el hedor ha salpicado mi sentido del olfato, pero como algo que va y que viene ahora ya no lo noto tan compacto pero  lo que si me asombra es el estado en el que me hayo, y en el que se encuentra mi piso, tan en penumbra y tan saturado de desperdicios que parece el palo de un gallinero.
Pero no me apetece ordenar ni limpiar, tengo mi camiseta manchada de tomate, esta duro y aunque hacía unos días eso podía haberme puesto muy nervioso ahora lo huelo e incluso intento relamerlo,  me da igual, es peor el tufo que ha vuelto que la actuación que estoy teniendo conmigo mismo.
Tengo adornada la estancia principal con velas, parece que el calor que desprenden los focos de casa producen que la densidad del olor perdure más y más en el tiempo y se adhiera a las paredes y suelo.
Ya no sudo, pero sé que estoy enloqueciendo, ahora oigo gente hablar en la morada de mi vecino, son voces dispersas y risas bien definidas, intento apuntar todo lo que puedo llegar a entender pero mis manos tiemblan tanto y mi razón está tan apesadumbrada que no sé qué trazos estoy expresando.
Al cesar estas yo también concluyo en mi empeño de intentar descubrir que ocurre al otro lado, incluso mi tembleque ha parado, dejo el cuaderno en mi mesilla y empiezo a dar vueltas por la habitación, a un lado a otro o en círculos y recto y vuelta a empezar.
Mareo una y otra vez los pelos de mi cabeza intentando dar lucidez a las ideas que se me vienen a la mente, lanzo ideas al aire, me río y me enfado golpeando las paredes y el armario empotrado rajando una de sus puertas ocasionando una pequeña fisura en mis nudillos.
Me tumbo en la cama y juego con mis pies, vuelvo a reírme y de repente rompo en llanto, me acurruco sobre mí mismo pensando en mi madre, ahora la necesito tanto…

DÍA 8
Es increíble la manera en la que he pasado la noche hecho un ovillo imaginando cosas  con mis manos para intentar calmarme, sorprendentemente no me he querido levantar y me he orinado encima, lo cual hace que si ya de por si el hedor era insoportable ahora mismo sé que no podré volver a dormir en la cama si no la cambio, pero no tengo fuerzas, y el sofá será mi nuevo aliado en mis noches de duerme vela.
Hace días que no como, tan solo el agua fresca de la nevera recorre mi garganta varias veces durante la jornada, me reconforta notar algo puro en mi cuerpo.
De lo que si me he percatado  es que el olor ha dejado de ser tan pastoso pero si más aguzado, no tan dulce pero si mas volátil, esta ahí, parece que no, pero está.
He vomitado varias veces, parece que me estoy muriendo por dentro.
Estoy tan agitado que no consigo pensar con lucidez, no sé por qué estoy haciendo esto, el maldito olor se ha convertido en todo lo que me interesa día y noche, y yo he perdido la cordura total de mi cuerpo y mi mente, pero esto tiene que acabar y acabará hoy.
Con sumo cuidado quito poco a poco las toallas que tan arduamente coloqué en la puerta tiempo atrás, al retirarlo ha vuelto el olor tan pesado que hace horas no notaba, me ha golpeado tan fuertemente que he caído al suelo debido a tan desagradable sensación.
La tos esta marcando cada paso y gesto que doy para poder salir de casa y averiguar de una vez que es lo que pasa al otro lado de mi puerta, mi garganta ha quedado tocada con la última bocanada de aire que he cogido repleta de tan repugnante hediondez.
Ya no puedo más y estoy delante de la puerta de mi compañero de comunidad, cuando doy con los nudillos en ella ésta se abre sin esfuerzo con un chirrido que me causa el levantamiento de los pelos de mi nuca.
Si cualquiera pudiera verme en este momento tan lleno de suciedad, ojeroso, apesadumbrado y pálido como la luna más llena huiría de mí como yo debería de hacerlo de este lugar y momento.
Al abrirse del todo la puerta puedo comprobar que la estancia del salón está en penumbra y mis ojos trabajan por acostumbrarse a la oscuridad.
Su piso es muy parecido al mío, realmente son idénticos.
Primero un paso, no digo nada, no me presento, tan solo entro, quiero saber por encima de todo qué es lo que ha estado robando mi vida estos días.
Otro paso y cada vez estoy más en el epicentro de todo.
Un sillón de color negro se hace entrever por la poca luz que entra desde las persianas mal cerradas y afinando la vista puedo ver una mano y una cabeza asomando por una esquina del mueble.
Le veo sentado en la butaca por la que cientos de moscas y gusanos asoman y estas primeras revolotean alrededor.
Ciertamente la escena ha hecho que no me percate del olor tan repugnante que oprime mis pulmones el mismo que estos días consiguió dejarme sin sentido un par de veces.
Y ahí esta... o no, espera, ahí estoy, soy yo muerto, apestando y siendo devorado, soy mi propio fantasma atormentado de mí mismo.
Intento retroceder, pero en ese momento el murmullo nuevamente ensordece mi cerebro esta vez haciendo que me eche las manos a los oídos, palpitantes de dolor.
Suena el despertador, me despabilo de la pesadilla que acabo de tener tan voraz.
Entre palpitaciones que hacen que mi corazón parezca que quiera salir de mi cuerpo y mi boca pastosa, pongo todo mi empeño en espabilar de tal horrenda ensoñación.
Es un día nuevo, como los de siempre y todo gira alrededor de llegar puntual al trabajo, sin olvidarme de ventilar bien mi piso y beber el máximo café posible antes de salir rumbo a la jungla de la rutina.

Cuando salgo de casa, el vecino de al lado sigue oliendo a muerto...

2 comentarios:

  1. Madre mía, Lorena, me he pasado olisqueando el aire durante el rato en el que leía tu relato. Por dios, lo he sentido por dentro de mi nariz y me va a costar echarlo.

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  2. Llévate cuidado si lo hueles, Pandora, no te vaya a pasar como al protagonista... (muahahahah)

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