miércoles, 22 de octubre de 2014

EL CIELO ESTÁ ROJO





Aún recuerdo el cielo azul, infinito, resplandeciente, rodeado de nubes.
Lo recuerdo sobre todo en primavera, cuando las tormentas llegaban sin avisar y creaban una atmósfera ventosa entremezclada con un tono grisáceo que, aun pudiendo sentir oscuridad momentánea por el paisaje creado, era hermoso sentir la lluvia tropezando con mi cuerpo, mojándome la ropa, salpicándome los pies, mientras corría sonriendo a esconderme para seguir observando todo sin perder un segundo, disfrutando de los rayos que partían el cielo con su atronador sonido.
Se me ha pasado por la cabeza porque hoy lo extraño, y la razón no es si no por que el cielo ya no existe, ya no es azul, esta ahí, pero ya no es el mismo.
Ni siquiera hay nubes, y las noches son solo el registro terrorífico del fin del día, todo ha desaparecido.
Se vislumbra horror, miedo, tan brutal...,  apegado a nuestras espaldas sin que podamos levantar la cabeza sin verlo todo oscuro y rojo.
Es el color de la sangre que baña ríos y mares, el color de la humanidad después de la crueldad a la que hemos llegado.
Se respira a trompicones y el ambiente es pesado y a veces rompes a buscar en tu cabeza algún recuerdo que te haga pensar en como eran las cosas antes de todo esto.
Hay gente en las calles, éstas están llenas de papeles que revolotean acompañadas de un calor creado por la muerte de nuestra madre Gea.
Algunos jóvenes permanecen meciéndose y preguntándose el por qué de todo esto, por qué a nosotros.
Un señor con barba de varios días abraza a un niño de unos 6 años que llora desconsoladamente, no se conocen, pero se han encontrado y ahora se tienen el uno al otro, harapos recubren el cuerpecillo del pequeño que tiembla de miedo.
Y a mí que no me queda nada, ya no siento ternura por la escena, sinceramente, tampoco odio, si por mi fuera hubiese sido preferible verles perecer cuando el caos estalló; quizás eso es lo que antes denominaban compasión.
Las ratas pasean por encima de mis pies mientras paseo y observo todo lo que puedo, incluso ahora, no logro desprenderme del frío que recorre mi nuca.
Todo pasó por una simple razón, dejamos de ver más allá de nosotros mismos, dejamos todo al azar, y éste es caprichoso, la guerra no ha hecho más que empezar, aunque ya había estallado hace tiempo.

Nosotros luchamos unos con otros, por un sitio donde pasar las noches perpetrantes de vida. Lo intentamos, juro que los primeros días casi lo conseguimos; pero no habíamos aprendido a combatir sin venganza.
Y por el momento, parece que no queremos volver a empezar de cero, al menos yo. Acabo de matar a un hombre, la lluvia que antes tanto me gustaba ha penetrado mis ropajes ya desgastados, y necesito cambiarlos.
Nadie me juzgará ya por ello, somos lo que somos, y hacemos lo que hacemos, así que, tenemos lo que nos merecemos.
Prosigo mi camino, ya no me resguardaré jamás de la lluvia, no tengo nada de lo que pueda disfrutar, ni si quiera miro al cielo, cuando estos nuevos harapos ya no me sirvan, ya sé lo que tengo que hacer.
El cielo esta rojo y empieza a llover de nuevo.....



7 comentarios:

  1. Menudo panorama, es peor que vivir con Rajoy...

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  3. Esperemos que no lleguemos a esa situación, y que de una forma u otra, siempre buena, consigamos que el cielo sea azul. Es algo complicado teniendo en cuenta como la humanidad está dejando el planeta y como conseguimos apuñalarnos entre nosotros antes de mantener un diálogo, aunque a veces vaya unida a una pequeña discusión. A veces creo que sería necesaria un nuevo Arca de Noé.

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  4. Desolador... pero como sigamos así... me da que será muy real...

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  5. Gran reflexión disfrazada de terror. Muy bien reflejado el sentimiento de desolación del protagonista. Me ha gustado mucho. Saludos!!

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  6. He " olido " la catastrofe. Ver el protagonista carente de sentimientos me hizo pensar por un instante que era un zombi

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  7. Más que un relato de ficción como sigamos así se puede convertir en un futuro muy real. Ya va siendo hora de cambiar para poder tener un mundo mejor :)

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