viernes, 19 de diciembre de 2014

DESAMPARO





Me es imposible recordar el día en que me convertí en lo que soy. El todopoderoso abandonó a su humilde siervo hace ya mucho tiempo. Descuidé mis oraciones y renuncié a luchar contra mi naturaleza. Antes lo hacía con devoción, cual soldado que se limita a cumplir órdenes. Ahora soy yo quien juzga.
Desterrado, me limito a pasear por las calles en las noches de luna llena. Observo a los pocos transeúntes que osan deambular a estas horas de la madrugada. Mi gorra, negra como las tinieblas en las que se ha convertido mi mundo, oculta mis ojos de bestia, los cuales escudriñan y contemplan el mal que hay en sus almas.
Mis pies caminan sin hacer el más mínimo ruido que delate mi posición. Como buen cazador, me oculto esperando el momento para acechar a mi presa de hoy, agazapado en la penumbra.